31 agosto 2005



Chucho Valdés, el pianista que vuela
por Pablo Dintrans.

El próximo jueves 8 de septiembre llegará a Chile el pianista y compositor cubano Chucho Valdés. El músico se presentará en el Estadio de San Carlos de Apoquindo. En el siguiente artículo, conoceremos las razones de porque el público nacional debería alegrarse con esta visita.

Este hombre ha trabajado arduamente con las teclas del piano, rescatando lo clásico y lo tradicional para luego innovar en el lenguaje del jazz cubano. Chucho inició su carrera artística en la Banda Sabor de Cuba de su padre, Bebo Valdés, en 1959.

En los 60´s formó su primer grupo de jazz, desarrollando registros que son verdaderos tesoros sonoros. Paralelamente, trabajó con maestros de la música cubana como son: Leo Brouwer, Tony Taño y Federico Smith de la Orquesta del Teatro Musical de La Habana.

El año 73 funda Irakere junto a un grupo de músicos de la Orquesta Cubana de Música Moderna. Este grupo que vino a Chile el año 90 para acompañar a Silvio Rodríguez en el Estadio Nacional generó un cambio en la música cubana, pues lograron captar la esencia del ritmo del pasado para fundirla con una manera libre de interpretar el jazz.

Chucho visualiza así el cambio que generó Irakere: “En el 79, me atreví a predecir una verdadera explosión de creatividad de la música popular cubana y situaba a Irakere en la cima de este movimiento en gestación”. Esta explosión se traduce en todo lo que significó la transformación de las Orquestas que cultivan la “Salsa Cubana” o “Timba”, como les gusta denominar en Cuba a este estilo.

El legado de la creación de Chucho Valdés se refleja en la manera de hacer e interpretar la música, pues planeó nuevas orquestaciones, presencia fuerte de los metales y una nueva cadencia en la sección rítmica. Con Irakere se incorporaron definitivamente los tambores batá que son propios de la cultura yoruba a la música bailable y al jazz. Con su música se presentó en importantes festivales como el Jamboree Jazz de Polonia. También compartió escenarios Este hombre ha trabajado arduamente con las teclas del piano, rescatando lo clásico y lo tradicional para luego innovar en el lenguaje del jazz cubano. Chucho compartió escenario con Dizzy Gillespie, Eral Fatha Hines, Sant Getz y David Mella en el Teatro Mella de La Habana, estas figuras conformaban lo que se llamó el Crucero del Jazz.

El trabajo de Chucho con Irakere fue elogiado por la crítica de jazz especializada de Estados Unidos. A esto se sumó sorprendentes actuaciones en los festivales internacionales de Newport, en la ciudad de Nueva York y en Montreaux en Suiza. Como efecto de dicha travesía musical lograron el primer Grammy entregado a músicos cubanos residentes en la Isla en 1979. Jesús Chucho Valdés fijó su plan de vuelo y tenía como motor la fusión de la música afrocubana con la afroestadounidense, siempre con un espíritu renovador.

Hay un hecho que no se puede desconocer, la presencia de su padre otro innovador quien fusionó la música tradicional cubana con el bebop al finalizar la década de los 40´s. La escuela de Bebo permitió a su hijo Chucho conectarse con la presencia de figuras como Benny Moré. Esto le permitió conocer todo el abanico de la música popular cubana y también perfeccionar el lenguaje del jazz y el piano clásico.

Entre sus principales influencias musicales cubanas en la formación de Chucho destacan su padre y sus colegas Antonio Maria Romeu, Jesús López de Arcaño y sus Maravillas y Lilí Martínez de Chappottín y sus Estrellas. Sus favoritos internacionales son los pianistas de los años 20,30 y 40 como Art Tatum, Duke Ellington, Cout Basie y Bud Powell.

En síntesis, Chucho es un pianista que vuela para retornar al pasado y recoge toda la tradición ancestral africana surgida en Cuba. Se alimenta del lenguaje de la música clásica y persevera en el piano, escuchando a grandes figuras del jazz mundial. Todo esto lo sintetiza en un nuevo concepto rico en música y espiritualidad.

2 comentarios:

Roberto Iza Valdés dijo...
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Roberto Iza Valdés dijo...
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